Encuentro sobre Patrimonio Cultural con el profesorado

A continuación, el breve discurso que ofreció Don José María Setien en el encuentro sobre Patrimonio Cultural celebrado el día 17 de diciembre de 2014 en Koldo Mitxelena Kulturgunea. Fue organizado por el Gobierno Vasco y, además de Setien, contó con la presencia del sociólogo Javier Elzo y la jueza Garbiñe Biurrun.

  • Pluralidad y riqueza del significado y contenido del título que define nuestro encuentro y diálogo: “Patrimonio Cultural”. Seguramente estas palabras puedan sugerir unos “contenidos conceptuales” diferentes en quienes hayamos de utilizarlas. Por mi parte he de decir que en esa pluralidad creo descubrir la riqueza misma de lo que ha de ser el “contenido real” del tema que hayamos de analizar.

  • Para mi la riqueza del patrimonio cultural es una expresión de la riqueza radical del ser humano. Sin la “humanidad” no hay cultura, lo que significa que sin la referencia a esa humanidad seremos incapaces de descubrir el auténtico valor de la afirmada “cultura”. Cuando estudiamos las manifestaciones diversas, en el espacio y en el tiempo, más allá de las “formas” que la caracterizan, v.g. por la belleza, la perfección artística… estamos descubriendo al “ser humano”. Nos hallamos ante una “percepción” del ser humano, que va mucho más allá de las “formas” que lo caracterizan. Dicho de otra manera, queremos decir que ese ser humano es mucho más que la forma que nos lo manifiesta o nos lo oculta.
  • La riqueza del patrimonio cultural, expresada por la pluralidad de las formas culturales, nos manifiesta no solamente la riqueza de la dimensión individual del ser humano sino también la riqueza de la pluralidad de las formas de relacionarse con “el otro” y con “los demás”. Nos pone de manifiesto que el ser humano se realiza no solamente en su individualidad sino también en su apertura y en su comunicación, en las diversas formas de ser con “el otro”, manifestadas en el amor, el rechazo, el trabajo, la diversión,… No creo equivocarme al afirmar que “culturalmente”, es decir, en la totalidad de la comprensión de su humanidad, es como el ser humano es conocido precisamente a través de sus diversas formas de comunicación. A ninguno de nosotros nos extraña reconocer que la diversidad de las formas de comunicación, lleve a calificar a “los otros” como pertenecientes a “otra” cultura. De ahí su riqueza.
  • Esta dimensión social de la cultura, derivada de la pluralidad de la comunicación interpersonal y también grupal de la existencia humana, ha de llevarnos a la exigencia de incorporar a lo que llamamos el “Patrimonio Cultural”, la realidad de lo que llamamos los “valores” vigentes en una determinada “sociedad” o colectivo humano. Dicho de otra manera, la vida humana, valorada y asumida desde el ejercicio de su libertad, reconocida como uno de los elementos integrantes de su “Patrimonio Cultural” personal, no podrá menos de conocer y reconocer cuáles son las dimensiones inspiradoras del valor y aprecio humano de su convivencia social, es decir, cuáles son sus “valores”. Demos o no a esos valores el calificativo de éticos.
  • La incorporación al proceso educativo de la juventud lo que podemos llamar su “Patrimonio Cultural”, no podrá menos de ser valorado como el esfuerzo colectivo positivo, cuya finalidad habrá de ser la realización de la personalidad humana de los sujetos integrantes de las nuevas generaciones. Se tratará de ponerlas en comunicación con las dimensiones enriquecedoras de una “Cultura” poseída y transmitida, en orden a la realización de la personalidad de las futuras generaciones. Una “Cultura” asumida desde la visión del valor de cada una de las personas asumidas en su totalidad. Las mismas palabras “Patrimonio” y “Cultura” parecen sugerir una “bondad” humana que va más allá de la peculiaridad característica de otras dimensiones parciales de la educación.
  • Por ello, sería equivocado ignorar la nobleza propia del cultivo de la “humanitas” (=humanidad) históricamente recogida a través de los años, integrante y constituyente del llamado “Patrimonio Cultural”, de cada lugar y tiempo histórico. No me toca a mí indicar el modo en el que la totalidad de esa “humanitas” inherente a la “Cultura”, recogida como un auténtico “Patrimonio”, ha de integrarse en el proceso educativo de la totalidad. Pero sí creo poder afirmar, de una parte, que es la totalidad de la dimensión humanizante de la acción edicativa, lo que ha de ser valorado positivamente como una realidad integrada en la cultura acogida y transmitida. Y que, por otra parte, solamente lo que, en verdad, sea incorporable e integrable en la realización de la totalidad de las personas podrá merecer el calificativo de ser una aportación cultural realmente educativa.

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